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Y llegó mi segunda media, por Xoán Galán

Un año después volví a proponerme el reto de disputar una media maratón. Me había estrenado en febrero de 2016 desoyendo a nuestra entrenadora. Que no tienes kilómetros, que te falta rodaje, que es muy arriesgado me decía, pero logré convencerla y a regañadientes aceptó que saliese a vivir la experiencia.

La de este año fue otra historia. Preparación intensiva desde diciembre, cuatro sesiones semanales, con la interminable tirada larga que se hace pesada cuando vas en solitario, pero resulta agradable si la haces acompañado. Fueron tres meses de entrenamiento para preparar el cuerpo y la mente.

La última semana, la de casi reposo absoluto, se hace larga. Será que como no hay desgaste físico tenemos tiempo y fuerzas para que la cabeza no pare. Y empiezan las dudas. En mi caso no había unanimidad en el equipo técnico. María Luisa me había marcado un tiempo de 4´30´´ el kilómetro, pero Raquel que es tan conservadora como yo aconsejaba retrasar el crono a
4´35´´. Suerte que a Eduardo no lo dejaron opinar, porque estoy seguro que él me bajaría a 4´15´´ o 4´20´´. Al final, ya lo podéis imaginar, reinó la opinión de la jefa, bajando incluso a 4´25´´ si las circunstancias lo permitían.

Y llegó el domingo. Lo bueno de mi trabajo es que el sábado estoy tan a tope en el directo que no tienes tiempo a pensar en la carrera del domingo. E imaginad este sábado pasado, derrota del Depor en Leganés por 4-0, cese oficioso del entrenador, cabreo de los aficionados, en fin todos los ingredientes para estar rajando en la radio. Lo malo es que no duermes lo suficiente, aunque como el cuerpo ya está hecho pues las 6 horas de sueño te prestan como si fuesen 10.

Madrugón, desayuno muy ligero, tan ligero que casi no pruebo bocado y directo al Obelisco. Foto de familia y en la mente de todos está el dolor que sufre nuestra compañera Bego, todos salimos al asfalto uniéndonos a ella y recordando a Guillermo.

Dan las diez. Me uno al equipo del presi, por una vez me salto el protocolo de los cajones y los colores. Pistoletazo de salida y qué gozada!!! Primeros dos kilómetros, el presi y Óscar marcan el ritmo, luego yo les doy el relevo, a mitad de carrera nos quedamos sólos Óscar y yo, pero el presi vuelve a aparecer en el último tramo, y como hay una ley no escrita de que tiene prioridad en meta, le dejo que sprinte y entre unos segundos antes. Ante todo hay que respetar las jerarquías.

La diferencia entre correr sólo y hacerlo en grupo es abismal, en ningún momento desfallecí, en ningún momento deseé que se acabase el recorrido, es más llegué a la meta con la sensación de poder continuar un poquito más. Ayudaron y mucho los ánimos de las compis y los compis situados en puntos estratégicos. Más importante que el avituallamiento sólido y líquido cada cinco kilómetros fueron los ánimos de Amalia, Mely y demás integrantes de nuestro particular club de fans.

Trabajo hecho, bajamos de la hora y 35 minutos, el objetivo está cumplido. Es una satisfacción personal que no hubiera podido disfrutar sin la colaboración de todos y todas, cada tarde de martes y jueves.

Por cierto, he debido de mejorar mucho en la técnica porque no recuerdo haber escuchado gritos de María Luisa ¡¡¡mirada al frente¡¡¡ o ¡¡¡esos brazos¡¡¡.

Un placer ser del CAS.