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XI Xtremelagos de Covadonga, por Bilba

Tras la llegada a Cangas de Onís, lo primero que hicimos fue coger el dorsal. Allí ya tuve la primera premonición: me tocó el número 13. Ya no me quedé muy tranquilo. Aparte de eso, me enteré de que Javi, uno de mis compañeros de trail, se casó un día 13, y además, a Fran, el tercero del grupo de corredores del CAS en esta carrera, le dieron la habitación número 13 del hotel donde nos alojábamos. Aquí ya me dio todo mala espina, aunque también me influía el hecho de que llevase tres días enteros lloviendo sin parar.

Después de dejar las cosas en el hotel, fuimos a la charla técnica, donde nos explicaron que la carrera estaba muy embarrada, y nos advertían que tuviéramos mucho cuidado durante el recorrido. A pesar de todo, el primer tiempo de corte lo dejaron en 5 horas, con lo que pensé que se podría hacer sin problemas.

Fuimos a cenar (pasta), y pronto a acostarnos. Los nervios de la noche nos dejaron descansar muy poco, y cuando me quise dar cuenta, ya estaba desayunando con mis compañeros.  Al terminar, rápidamente fuimos a coger el autobús que nos subiría al lugar de la salida. En esos momentos llovía a raudales, por lo que mi  táctica era salir muy rápido por los primeros 700 m. de asfalto.

Después de hacernos las fotos de grupo en la salida y de saludar a otros compañeros, deja de llover y llega el momento de salir. Efectivamente, salimos como motos, por debajo de 4’ a lo largo de esos 700 primeros metros.

En ese momento, me doy cuenta de que se me ha caído uno de los bidones, y tengo que dar media vuelta a recogerlo. Por culpa de este percance, ya no consigo incorporarme de nuevo al grupo de mis compañeros, y continúo a mi ritmo.

Después de abandonar el asfalto, entramos a la zona de monte, con todo lleno de barro y una subida muy pronunciada. Ahí me encuentro el primer tapón, del que no puedo salir, pero avanza bastante rápido.

Me encontré con una chica que llevaba un ritmo rápido como el mío, y continué con ella el resto de la carrera. Aprovechábamos los avituallamientos para comentar con los voluntarios y preguntar cómo íbamos de tiempo. Tanto en el primero como en el segundo nos dijeron que íbamos muy bien y que llegábamos de sobra al corte, así que continuábamos contentos y manteniendo el ritmo. Pero en el avituallamiento del Km 15 nos damos cuenta de que, para el tiempo que llevábamos, y con 10 Km. aún por delante, no llegábamos al corte ni de coña.

La chica que venía conmigo me dijo que tirara yo, pero yo no le hice caso, y seguí con ella. A falta de 5 km. para el control, me volvió a insistir en que fuese yo más rápido para llegar al corte, y al final tiré todo lo rápido que pude. El terreno estaba impracticable, lleno de barro, y ya veía yo que no podía llegar. Ya solo me quedaba la bajada a la ermita de la Virgen de Covadonga, y podía escuchar las campanas, pero me caí 5 veces, el terreno estaba muy peligroso, y dieron las 14:00h, hora de corte, cuando solo me faltaban unos metros para llegar.

Llegué a la ermita en 5 horas y 4 minutos, fuera de tiempo. Allí me avisaron de que no podía seguir, y que debía retirarme, tras informarme de que no existen minutos de cortesía, y a pesar insistirles un rato contándoles las ganas que tenía de seguir en carrera.

Me comunicaron que iban a retirar las balizas y a cerrar los avituallamientos, así que les comenté a dos personas que venían conmigo si seguían corriendo. Ellos me dijeron que no, se retiraban de la carrera y se fueron en el autobús. Yo, me quedé un rato más allí, y a la media hora llegaron una chica y una señora (¿nombres?), que me contó que iba a poner una nota a la organización con respecto al tiempo de corte. Ellas me dijeron que querían continuar la carrera, y me preguntaron si quería seguir con ellas. Les pregunté si conocían el camino, aún sin balizar, y como me dijo la señora que ella conocía el camino, seguimos corriendo los tres juntos.

Íbamos viendo cómo quitaban las balizas, pero llegó un momento en que ya no veíamos a nadie. Lo que hicimos entonces fue seguir la huella de barro del resto de corredores, hasta que llegamos al lugar donde estuvo colocado el avituallamiento del Km 30. Allí nos indicaron que no quedaba señalización, pero que deberíamos torcer a la derecha en un refugio que nos íbamos a encontrar. La señora decidió quedarse más atrás, porque no podía seguir nuestro ritmo por el cansancio que acumulaba, y continué yo con la chica más joven.

Encontramos el refugio, y poco después nos perdimos, y no paraba de llover. Ahí me dí cuenta de la negligencia que acababa de cometer, puesto que debería haberme retirado en el primer corte. Yo no estoy federado en montaña, por lo que no tengo seguro y, al no haber llegado a tiempo al corte, la organización ya no se hace responsable de lo que me pudiera pasar, corría yo bajo mi única responsabilidad.

En ese momento le propongo a la chica subir a lo más alto, creyendo que podríamos ver algún pueblo y tener una referencia para seguir camino. Subimos durante unas dos horas. Pero claro, esto no era Coruña, ni yo estaba en el Xalo. Esto es alta montaña, y aquí no se puede jugar con esto. Pasé miedo, la verdad, aunque intentaba dar seguridad a la chica como podía.

En ese momento me pareció ver a lo lejos, a unos 2 km, otro refugio y alguien moviéndose allí. Empecé a gritar “¡¡Ehhhh, eeeehhh!! ¡¡Cangas de Onís!!”. Al principio no me oyó, pero yo grité más alto, y al final parece que escuchó algo y nos vio en el alto. El señor nos mandaba bajar de nuevo, y yo no lo podía creer. Después de 2 horas subiendo, ¡teníamos que volver a bajar de nuevo!”.

No nos quedaba otra, así que bajamos y, cuando ya llegamos a donde estaba él, nos quiso llevar en coche hasta Cangas. Pero yo no quería, quería terminar la carrera. Le pregunté en qué Km esábamos, y nos dijo que en el 30. ¡Seguíamos en el km 30 después de tanto tiempo!.

Nos indicó por dónde seguir, y continuamos corriendo. Unos kilómetros después, nos encontramos a la señora con la que iba la chica cuando yo las ví en el primer control. Continuamos con ella, caminando despacio, puesto que estaba todo lleno de barro y no paraba de llover.

Cuando nos faltaban 5 km para llegar a meta, nos encontramos de nuevo con gente de la organización, que nos preguntaron si seguíamos perdidos y si queríamos subir al coche. Nos quedaban solo 5 km, así que decidimos seguir hasta meta por nuestra cuenta. Tardamos unas 2 horas en hacer esos últimos 5 km, y cuando llegamos, ya estaba todo desmontado.

Terminé la carrera en 10 horas 24 minutos. Muy contento por haber terminado, pero a la vez escarmentado por la irresponsabilidad que cometí.

No se puede salir al monte sin seguro de montaña. Si vas a una carrera y te retiras, no debes continuar por tu cuenta si no tienes ese seguro.

Yo ya he aprendido la lección.