This is a demo store for testing purposes — no orders shall be fulfilled. Descartar

Objetivos de temporada. Crónica del Trail de Vilatuxe (por Enrique López)

Han pasado unos cuantos meses desde que cubrimos aquel cuestionario, “acabar un trail de 40 km cómodamente”, qué cachondo el Enrique, ese era mi objetivo para esta temporada de entrenamiento cuando empezamos en el grupo con el chaval de Cangas.

El tiempo fue pasando y, tras muchas subidas y bajadas, series, grados y alguna que otra caña, se acercaba el verano y decidí apuntarme al trail de Vilatuxe para cumplir mi objetivo, que aunque no eran 40 km, se le acercaba lo suficiente para mis propósitos.

Como novato en esto del trail, nunca me había apuntado “al largo” y esta inexperiencia me generaba dudas sobre si podría terminarlo.

Llegó el día de la carrera y ciertamente nervioso metí en la mochila una chuleta con los tiempos de corte que había preparado, basándome en lo aprendido del más metódico de mis compañeros.

Ya en  Pozo do Boi, llega la hora, se da la salida y me acoplo al ritmo de quien ya ha hecho esta carrera, la ha terminado y sabe que va a volver a terminar, aporta tranquilidad y confianza.

Vamos subiendo de este modo por la Serra do Candán hasta llegar al primer corte con media hora de margen. Poco después de esto nos separamos, y voy prácticamente sólo todo el camino.

Voy corriendo contenido, intentando no desperdiciar energía y cada vez más cómodo, sobre todo en las subidas, algo paradójico, teniendo en cuenta que eran mi talón de Aquiles al empezar este año, pensando en mis cosas, centrado en ir liquidando kilómetros para llegar al final y, entonces, me doy cuenta que me estoy perdiendo lo importante, ¿para qué correr en monte si no soy capaz de mirar a más de cinco metros de mis pies? Me paro en la cima de la última subida y miro, y ahí respiro de verdad, nadie alrededor y tres minutos que valen el esfuerzo de toda la temporada. Repito en dos cimas más, aunque menos tiempo, la sonrisa ya no se borrará de mi cara hasta el final.

Ayuda el excelente balizaje que hace que ni siquiera yo haga el amago de perderme, y el trato por parte de los voluntarios en los avituallamientos. Excelente organización en ese sentido.

Quedan dos kilómetros, y al fondo veo una silueta que me parece conocida. Después de tanto tiempo sólo se agradece bastante, como si no lo hubiese visto desde hace meses.

Llego a la meta y sigo sonriendo, pero no sólo por haber llegado, sino porque mi objetivo ya se había cumplido mucho antes, por haber tenido la suerte de caer en este grupo de entrenamiento, por las sensaciones de carrera y por haber aprendido a distinguir un trail de una carrera de asfalto.

Ahora mi próxima meta no puede ser otra que seguir siendo capaz de pararme a respirar y ver dónde estoy, pero más tiempo.

Nota: Los personajes que aparecen en esta narrativa están basados en personas reales, no he querido dar nombres con objeto de mantener su anonimato pero, a modo de reconocimiento, adjunto el listado de los que me han acompañado en este trail:

El cronista oficial, con cuyo permiso añado esta “crónica” del Trail largo.

La desbrozadora humana, el que siembra el pánico entre las otras especies que se le cruzan por los montes gallegos.

El multideporte, la voz más suave del mundo del trail, la cordura,  el que mejor luce las camisetas de sisa.

El John Deere del trail, aunque rebajado de peso, conserva el motor y el chasis.

La del efecto dorsal, que cuando entrena oculta sus cartas.

Y por último, el que es capaz de comerse n platos de paella cuando n tiende a infinito, después de haber corrido durante dos horas.

Si os recuerdan a alguien es por pura casualidad.