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Dos de tres en la CAMOVI (por Jorge Valdés)

Tercer año consecutivo en esta fantástica prueba, fantástica en todos los aspectos, como carrera como organización, trato a los corredores, etc, etc.

En el 2016 granizó y para casa en la mitad, 2017 calor infernal, 2018 mucho calor al principio y fresco al final, ¿Qué nos tocara el año que viene?

Tres objetivos:

  • Pasarlo menos mal que el año pasado.
  • No estropearme.
  • Primer test para la Zegama.

Tres de tres

Salimos tranquilitos con Cova y Arantxa,  a ver lo que pasa, los primeros 7 km hasta la Silvarosa son prácticamente todos hacia arriba, la  intención es no parar en ninguna de las cuestas, sin prisa pero sin pausa. Poco más de una hora. Tanto hacer cuestas este año que el famoso cortafuegos me ha parecido que tampoco era para tanto… (fantasmaaaaaa), hasta me dio tiempo a hacer un par de fotos…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bajo para el primer corte en Galdo, cuidando los tobillos y las fuerzas, que esto no ha hecho más que empezar.

Hace mucho calor y voy bebiendo bastante, en el avituallamiento… fuera camiseta y manguitos. Me encuentro a Iago, Javi y Fran, pasa Fabiola como si la persiguiera un oso. Como, bebo y a por la segunda subida, a Castelo.

Salimos de la carretera, pista bastante rápida, voy alcanzando a algunos corredores, por un momento pienso que han cambiado el recorrido, pero no, han talado el bosque, y aunque no se ha perdido mucho ya que era de eucaliptos, como siempre con estas cosas el aspecto es desolador. Pista hacia abajo y ultima rampa antes de la cima, me cruzo con Jose Juan, le está costando…

“Birra no nos queda, nos hemos venido arriba con la música y…” Heavy a todo volumen en el “bareto”, así que nos arreglamos con agua.

Después de la bajada del Via Crucis con un descenso pisando huevos, viene el tramo que menos me gusta, pista corrible hasta la mitad de carrera. El entorno está muy bien, árboles, río y sobre todo sombra pero… no es mi terreno (¿y cuál lo es espabilao…? Anda, anda…)

¡Naseiro a la vista…! Prácticamente una hora sobre el corte, ahora ya empiezo a tener claro que acabo. Más musiquilla de la buena, cuando llego arrancan mis compañeros. Rellenamos los depósitos y continuamos.

Un par de km que combinan asfalto con sendero, como sé lo que me espera, lo camino, deprisa pero lo camino, lo mismo que la antepenúltima cuesta.

En la bajada hacia la siguiente posta empiezo a notar cargadas las patitas, el sol empieza a molestar, en un giro a izquierdas me encuentro una maravillosa bañera (de las de bañarse) perfectamente camuflada dentro de una fuente, a mojarse tocan, antes de arrancar, miro hacia dónde vamos, el puñetero eólico está en casa de dios, muy lejos y muy arriba…, pero mucho, ¿eh?.

Alcanzo a Fran, parece que no lleva buena cara, aunque corre en casa, parece que la CAMOVI se le atraganta…

Poco a poco se va acercando el molino, por fin veo el coche de protección civil, ahora un tramo de pista en descenso para recuperar. Y una m. Los bandidos estos han cambiado el trazado, vamos rectos monte arriba, casi le doy un abrazo al maquinillo cuando paso a su lado.

Aaaaaabajoooo, aaaaaaarriba, aaaaabajo, avituallamiento del bucle, creo que bajaré de las siete horas (para mí eso es ir en el aire, je, je), me comentan que Ramón Blanco sigue corriendo, con 85 palos ése es el verdadero héroe de la CAMOVI, sin desmerecer al resto…

Por el barrizal que viene después prefiero caminar, estoy llegando a la reserva y lo que me faltaba era un calambre a estas alturas.

Última subida antes del Penedo, mal de muchos…. A los que llevo delate les está costando incluso más que a mi…

Recuerdo los calambres del año pasado cuando ya veía Viveiro.

No parece que queden 4 km desde allí, la vista de la ría vale la pena, ni ganas de coger el teléfono para hacer una foto tengo…

En realidad no parece que esté tan lejos.

Avanzo con bastante miedo, entre la  posible caída, torcedura, calambre, pupitas varias… es posible que nunca bajara nada tan despacio, hasta me paro a refrescarme en los regatos, menos el último km, ahora ya está, y voy a todo lo que dan las patitas por la espectacular llegada en la plaza…

Grandioso recibimiento de los compañeros, así da gusto…

Después de la ducha, como es de rigor en esta espectacular organización, callos, empanada, “isotónica” un gustazo.

Fin.

 

No, no, alto, falta algo, los agradecimientos, si es que….

Pues eso compañeros, conocidos, Zaid, organización, gracias a todos, pero sobre todo a un ENORME Ramón Blanco, que ayer nos dio a todos una lección de fuerza y pundonor, ojala tuviéramos muchos más como él…