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Crónica de la Zegama-Aizkorri 2018 (por Jorge Valdés)

Antes de que empecéis a leer os aviso, este ha sido un fin de semana muy especial, así que me he venido arriba y he largado una parrafada de tres pares de narices, así que, si no queréis, ni empecéis, pero el relato de los hechos, cortito no es.

Luego no digáis que no os lo advertí.

 

Prólogo:

Hace algunos años, cuando empecé a correr por  montaña, curioseaba entre los videos de carreras que circulan por internet, llegué a uno de una maratón que se llamaba Zegama-Aizkorri. Una prueba de 42 km que se disputaba en Euskadi.  Aunque ya sé lo que es correr en esta comunidad, donde cualquier deportista es tratado como un héroe solo por el hecho de tomar parte (estoy abonado a la Behovia-Donosti  hace muchos años) quedé realmente impresionado con la cantidad de público que, según contaban, subían desde la noche antes para ver el paso de los corredores, algo parecido a las míticas subidas del Tour de Francia, pero en medio de la montaña.

Y cuento esto porque, desde ese momento, la Zegama – Aizkkorri se convirtió en mi carrera objetivo.

Aún tardé tiempo en empezar a inscribirme en el sorteo (craso error por mi parte) seguramente, por miedo a que me tocara y no tener la experiencia suficiente, miedo escénico, olvido, o sea, un montón de excusas… sin pensar que cada año que te inscribes y no te toca te dan una papeleta más para el año siguiente, detalle importante  cuando resulta que se presentan 9.000 solicitudes para 350 plazas en la carrera.

El veintitrés de febrero, sorteo para el 2018.

  • Vaya este año tampoco, a ver si para el 19

 

¡Sorpresa!

Cinco de abril dos mil dieciocho, abro el correo electrónico para  revisar: publicidad, publicidad, publicidad, banco, Amazon, coño qué raro, un correo de la Zegama, primera vez que me envían propaganda… borrar, borrar, borrar, a la carpeta banco, borrar, borrar, no espera a ver qué carallo quieren estos:

¡Ayyyy, dios!, ¡Ayyyyyyy, dios!, ¡Ay, diooooooossssss!.

Leo y releo varias veces, hasta en euskera, como si lo entendiera y temiera que la traducción estuviera mal hecha.

¡Joder, que me voy a la Zegama!.

Subida de pulsaciones, emoción, llamadas de teléfono.

Un correo para confirmar que no eran los colegas que me estaban puteando, un día al borde del ataque de nervios…

Al día siguiente, otro correo confirmando todo, con las instrucciones.

El comienzo.

¡QUE BIEN LA ZEGAMAAAAA!

¡QUE MAL 6 DE ABRIL!

El 2018 iba a ser un año tranquilo, con el único interés de hacer todas las pruebas de la Copa gallega (que ya es bastante)

Joder, vaya mierda, ¿no me podía haber tocado en febrero?

Bueno, dejemos de quejarnos y a entrenar…

A estas alturas del año aún no he participado en ninguna carrera, creo que va a ser hora de empezar.

Couzadoiro bastante bien, Toxiza bastante bien.

Prueba de fuego: CAMOVI, con una distancia y desnivel similar a Zegama, bien, aunque sé de sobra que no es lo mismo, esto anima.

Xalo, muy bien (para lo que soy yo un senderista exprés).

En medio, muchas horas, mucho sudor… mucho dolor en la cadera y los abductores, pero ahora parar es impensable, sufriremos un poco más de lo previsto y que sea lo que dios quiera. Mírate como estabas hace un año, cuando te dijeron que tenías que dejar de “correr”.

Para terminar, fin de semana en los Ancares con unos cuantos compañeros. Ya no se puede hacer más, a partir de aquí, solo joderla. Quedan dos fines de semana y serán tranquilitos.

20/05/18 Queda una semana, toca hora y media de monte, el último entrenamiento. Mal, cansado, dolor de piernas y de espalda. Los nervios.

Dejo de dormir, me duele todo, me cuesta entrenar, comer, menos cag… que eso incluso de más, me cuesta todo. Los nervios.

A ratos, me agobio con los cortes, aunque si todo va bien debería pasarlos.

El viernes arranco para allí.

Pues aquí estamos:

Hacemos el viaje en dos etapas, “duermo” en Llanes para no darnos la paliza de una sola vez.

A unos cuantos km, ya se ve la sierra del Aizkorri, el nerviosismo aumenta por minutos, aún estamos lejos pero ya se ve muy, muy alto.

Encontramos aparcamiento en el centro al lado de la salida.

Entrando en la plaza, nos cruzamos con Depa, que va saludando y dando palmadas a todos los que se encuentra.

Me giro hacia la derecha, y allí está, muy, muy arriba.

Unos pintxos y a investigar, los dorsales no los empiezan a entregar hasta las cuatro, nos da tiempo a buscar el camino por el que sube el público andando hasta Sancti Spiritu, el comienzo de la mítica subida al Aizkorri. Es fácil, como forma parte del Camino de Santiago, está perfectamente señalizado. En hora y media de subida te plantas allí.

Volviendo a Zegama el cielo se oscurece, tiene pinta de ir a caer una tormenta espectacular. Y cayó.

La entrega de dorsales rapidísima, solo había cola en la máquina habilitada para los que no se habían traído la copia del carnet de identidad.

A las 18:00, presentación de la prueba y charla técnica. Corta y directa, como tiene que ser. Hacen unas cuantas bromas con el barro, lo que me resulta muy sospechoso. Y la mala noticia: amenaza de tormenta para las 14:00, ya avisan de la posibilidad de que la carrera se desvíe o se neutralice. Bueno, a una mala yo a esas horas debería haber pasado ya las campas de Urbai, por lo que no debería haber problema. Nos dicen que reservemos piernas para los últimos 10 km en bajada, si no, lo podemos pasar muy mal.

A la salida de la charla degustación de sidra y queso Idiazábal como dios manda.

Voy a omitir la mierda de noche que pase, obsesionado con los tiempos de corte, etc, etc…

Solo uno de los bidones en la mochila, hay avituallamientos de sobra pero algo de agua hay que llevar, que me conozco

Zegama se cierra al tráfico a las seis de la mañana, según parece solo pasan los coches con alguno de los distintivos que te facilita la organización.

El despliegue es espectacular, helicóptero, voluntarios, retransmisión en directo por la ETB.

Parking para corredores y al bar donde hemos quedado, hay docenas de autocaravanas y furgonetas en todos los rincones del pueblo.

Son las ocho, charlamos con un grupo de leoneses que vienen todos los años a pasar aquí el fin de semana de la carrera.

Miro hacia arriba, las nubes tapan la sierra, pero sigue estando muy arriba, escuchamos a Depa gritar que en Sancti Spiritu luce el sol, en ese momento se ve en la pantalla gigante, ya está lleno de público, y aún no hemos ni salido, va a ser impresionante.

  • ¿Qué hago yo aquí con todos estos?, pero mírate, eres el que menos pinta de corredor tiene de los 500 y eres un “pringao”.
  • Pues la verdad es que no lo sé, pero que me lo voy a pasar bien, seguro, luego ya veremos.

Faltan más de diez minutos y ya estamos todos dispuestos a salir. Saco los bastones de la mochila, los estiro, los pliego, los estiro…

No sé cómo estarán los de primera fila, pero aquí al final las caras de tensión dicen mucho.

Se baila un Aurresku en honor de los corredores fallecidos durante el año, y la famosa música de la salida. Tres minutos, cientos y cientos de personas a los lados. Pelos de punta.

Salimos, una vuelta al pueblo para estirar el pelotón antes de la primera rampa, gritos de ánimo y allí nos vamos.

Como me he prometido pasarlo bien, le doy la vuelta al reloj, me juro no mirarlo hasta el primer avituallamiento, la cuestecita se las trae para ser la primera, son cuatro km más o menos en ascenso, senderos y pista, charco, algo de barro… me salto la primera posta. Mucho calor y humedad, hay que beber mucho, pero de la mía que así pesa menos… je, je.

Primeras bajadas, modo patinaje, los corredores toman muchas precauciones, yo alguna menos, así que algún momento el culo da en el suelo.

Según nos dicen, para un cruce de carretera hay montado una pasarela para ir por arriba. Estos no se andan con coñas, he visto puentes para el AVE, más pequeños.

Entre la niebla se escuchan gritos y cencerros, ahora sí miro el reloj, km 7 voy sobrado (de tiempo se entiende), así que se acabó, ya no me acojonan los cortes.

El desnivel positivo está prácticamente todo en la primera mitad así que, si la física no falla, y es verdad que todo lo que sube baja, la segunda mitad debe ser toda para abajo, lo que no sé si me gusta o me acojona, la verdad.

Paro a repostar.

Padres con niños, abuelos con jóvenes, todos gritando al paso de los corredores… no creo que haya pasado 500 metros sin público.

En el  10 empieza la fiesta de verdad, la subida a Aratz, seis km  todos cuesta arriba, salvo alguna pequeña bajada que era peor aún… la zona del bosque está cubierta de hojas y barro y el problema allí no era tanto correr como ser capaz de parar sin que fuera contra nada o saliéndote de la curva.

Ya se sabe: la potencia sin control no sirve de nada…

Al fondo, el final de los árboles y el sol. Cambia el terreno la última rampa es por un pedrero que por lo menos te permite avanzar sin irte hacia atrás, ya veo la Ikurriña sujeta al vértice geodésico. De lejos me gritan:

  • ¡Vamos, Jorge!
  • ¡Oso Ondo gallego!
  • ¿Quién coño será?, los compañeros iban a otro lado.

Entonces me doy cuenta, los aficionados se suben la lista de los corredores y miran por el dorsal para poder animarte por tu nombre. Me emociono.

Arriba, decido hacerme una foto. Un chaval me “quita” el teléfono de la mano y me dice:

  • Ponte al otro lado que se ve el Aizkorri. ¿Escuchas los gritos? Venga que os están esperando alli también.
  • Ya está hecho – le digo
  • Nooo, os queda una subida, muy jodida

Efectivamente, un murmullo, y ruido de cencerros, se puede percibir…

Es impresionante correr por esos bosques enormes, entre la bruma que no despejó hasta ya muy cerca del final, en cualquier momento podría salir de detrás de un árbol, un druida buscando raíces para sus pociones.

El descenso es más que duro, y una continua lucha por no caerme. En dos ocasiones no consigo evitarlo y “afuciño”. “Realmente bajo mucho más rápido así, es para planteárselo”, pienso entre risas.

Es la segunda caída, un fotógrafo viene hacia mí corriendo como puede, varias veces me pregunta si estoy bien y si necesito algo, cuando se convence de que si:

  • Pena, no tener la cámara preparada…

Nos reímos.

En los tres últimos avituallamientos hablo unos minutos con la gente de la organización; son fantásticos…

  • ¿Pero de dónde vienes así? ¿Qué te ha pasado?

Les hace mucha gracias la frase esa que dice Barry:

  • “Como decía a miña nai: Se te mandaran non ias, carallo”

Bajo hablando con Jorge, otro corredor con el que compartí los últimos tramos.

Alcanzamos a otro participante que va andando, no lleva buena cara, pero no quiere abandonar tan cerca, lo acompaña un voluntario, por si pasa algo, pero no lo dejan solo.

Sin darnos cuenta km 40, ahí está, se ve, se escucha Zegama, ya en el pueblo, aplausos, vivas…. Siguen ahí, siete horas y media después…

De frente veo a Cova gritando como una loca en medio de la calle con el teléfono en la mano, que se pega el gran sprint para sacar la foto en la entrada. El speaker anuncia nuestra entrada.

No hace falta que os cuente lo que pasó a partir de ahí, sois perfectamente capaces de imaginarlo…

Se acabó:

Estoy seguro den que me han quedado muchos detalles al escribir esto, son un montón de líneas que intentan resumir la intensidad de un fin de semana como este. Pero de lo que estoy seguro es que yo no los voy a olvidar.

Igual es que hay ciertas cosas que vivo muy intensamente. Para mí, la Zegama ha sido mucho más que una carrera con un recorrido espectacular y una organización difícilmente superable, ha sido ver cumplido el que quizá sea el único sueño deportivo que he tenido, ha sido sentir el cariño y el apoyo del público, el trato como héroes a TODOS los corredores, ver cómo un espectador le da sus zapas a otro corredor al que se le había roto una para que pudiera continuar, cómo un pequeño pueblo de la montaña de Euskadi es capaz de organizar la que dicen que es la mejor carrera de montaña del mundo…

Sentir que tus compañeros están pendientes de ti apoyándote a 700 km de distancia.

Muchísimas gracias a todos por estar ahí y muy especialmente a Cova que estuvo allí.

Gracias Fran, por los entrenamientos.

Y, en general, a todos los que habéis sufrido MI Zegama, que algunos la han sufrido y mucho además.

GRACIAS ZEGAMA