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Crónica del entrenamiento en montaña en ANCARES (por Alejandra Fernández)

Hola, voy a intentar plasmar en estas líneas todas las sensaciones y emociones que he sentido.

Todo empezó cuando se planteó el entreno y decidí a apuntarme al recorrido más largo, venga, hala! 30kms, tengo que reconocer que estaba “acojonada”, pero era el mejor momento de intentarlo, en un entreno con mis compañeros. Tuve dudas, pero Felipe me animó mucho y Barry también!

El día antes preparé todo el material necesario, chaleco de hidratación, bocadillo, barritas, Dios! Puedo sentir todavía los nervios, me desperté varias veces!

Sábado, allí estábamos, esperando el autobús, arrancamos! El viaje hacia el Albergue da Braña ya fue super divertido, risas, muchas risas.

Llegamos y nos preparamos para salir, el día era perfecto, despejado, el sol iluminaba algunas de las cumbres a las que llegaríamos, estaba tan nerviosa que grite antes de salir, algunos compañeros me miraron, debieron pensar que estaba fatal, estaba tan emocionada!.

Empezamos la ruta, para mi sorpresa dos perros de la zona nos acompañaban, escoltándonos y protegiéndonos de los osos y lobos que moran por allí, el paisaje era tan bonito, acebos, árboles con líquenes…

El grupo más aventajado nos iba esperando para agruparnos, caminábamos en las subidas y corríamos cuando se podía, llegamos a una zona donde Barry nos enseñó el banco más bonito de
Galicia, desde allí se podía ver la naturaleza en estado puro, montañas, valles, árboles,.. era un sueño, pero lo mejor estaba por llegar.

Me acuerdo, cuando mandaron el perfil y los nombres de las cumbres, uno era Cuerno Maldito, ya el nombre impresiona, estábamos muy cerca, paso a paso empezamos a subir.

Barry, buen conocedor de la zona, nos enseñaba toda la riqueza del lugar, los arándanos, las plantas, rastros de los lobos, que pasada!

Ayudándome de los bastones, seguimos subiendo y subiendo, cada vez más alto, las vistas eran más espectaculares.

Entonces toco crestear, sentía una mezcla de emoción y miedo, tengo que reconocer que por un momento pensé ”no puedo”, teníamos que bajar por unas rocas, pero abajo vi a Fabiola y otros compañeros, al lado a Edgar, Cova, Angel, Edel, Fede, Alba y pensé: “lo tengo que hacer, Alejandra mira para el suelo, concéntrate en tus pasos, si ellos pueden, tu también” y lo hice, lo que sentí cuando miré para atrás y vi por donde había bajado me hizo sentirme “poderosa”, lograr superar tus miedos es brutal, gracias compis!

Seguimos cresteando, subiendo, bajando, pasando al lado de los neveros, pisando la nieve, me sentía feliz, conectando con la montaña.

Antes de llegar al Mustallar, tuvimos que rodear un risco, a todo esto veo a Fran corriendo por allí, flipe, es una máquina.

Antes nos habíamos encontrado a unos montañistas que nos dijeron que el paso estaba peligroso, al oírlo me empezaron a subir las pulsaciones, la verdad es que cuando vi por donde teníamos que pasar, volví a pensar: “Vamos Ale, cógete a las hierbas”, Edel gritaba:” iplegar los bastones!”, pero ya era tarde, no tenía manos pa´tanto, los puse colgando de la muñeca y pa´lante.

Fran hacía camino pisando la nieve, Edgar iba delante de mí, la verdad es que le metí un poco de presión, yo quería pasar rápido, tenía un poco de miedo, pasé y empezamos a subir a la cima del Mustallar.

Llegué y miré hacia atrás, madre mía, que pasada!

Desde allí arriba la vista era increíble, por un lado, se veía Ponferrada, al otro lado Becerreá y Lugo, nunca había estado tan alto.

Esperamos a todos los compañeros, aprovechando para reponer fuerzas comiendo y bebiendo, otros montañistas hacían los mismo, algunos llegaban desde Piornedo, con cara de cansados pero con la satisfacción de estar allí.

Yo miraba a mis compañeros y sus caras eran de felicidad, sacamos fotos, por cierto, tengo que agradecer a Enrique que haya inmortalizado muchos momentos inolvidables, gracias!

Ahora tocaba descender rumbo a Piornedo, donde íbamos a comer, la verdad que bajar mola más que subir, pero cuidao!, bajamos por una cuesta de piedra con una inclinación importante, la mayoría del grupo, tal cabras, bajaban a toda leche, disfrutando, yo flipaba viéndolos, en mi caso más despacio pero disfrutando también, el camino que lleva a Piornedo es precioso.

Al llegar comimos sentados en la suelo al lado el bar del pueblo, con una cerveza bien fresquita, otro placer! Llevábamos 22 kms!

Ahí nos dividimos, Fran, Paulo y Edgar, se fueron corriendo como flechas por la ruta más larga.

Angel, Nacho y Fabiola, por carretera, creyendo que sería más corto y liviano, las heridas y lesiones les impedían afrontar otras rutas, al final, hicieron 18 kms más, unos fuera de serie.

El resto del grupo, nos fuimos por otra ruta, esta vez de bosques, cruzando ríos y atravesando pueblos, precioso.

Mis piernas empezaban a estar cansadas, pero entre conversaciones y risas los kms iban pasando, ya queda menos me decían.

Barry me fue preparando, al final hay una subida, pero bien, lo haces sin problema, mi madre! Lo que nos esperaba, más de 2 kms. con un desnivel de 500 metros, yo no sabía si reír o llorar, no podía más.

Miraba para Alba, que orgullo de compañera, con solo dos meses entrenando, ahí estaba, dando lo mejor de ella, es un ejemplo, pero también sufriendo, con ganas de llegar, llevábamos 30 kms y
más de 7 horas por el monte.

Edel, Cova, Enrique, Fede y Barry nos tenían que esperar, siempre generosos y super compañeros, Enrique nos decía que ya estábamos llegando, pero seguíamos subiendo, hubo un momento que teníamos que pasar por debajo de un tronco, casi me quedo allí, no podía levantarme, a Alba y a mi nos dio un ataque de risa.

A lo lejos vi el albergue, pero el camino en zigzag nos acercaba y alejaba, venga vamos nos decían los compañeros, Cova subía con fuerza y determinación, experta montañera, luchadora y una de las mejores personas que conozco, me animaba y alentaba.

Entonces solo unos metros nos separaban de albergue, estaba llegando, 32kms, lo estaba logrando, lo conseguí, gracias compañeros, nos abrazamos todos con el satisfacción y el orgullo de lo realizado.

Cuando llegamos todos, tomamos unas cervezas con un chorizo casero que trajo Fran, me sabía todo a gloria.

Cenamos un potaje que estaba de muerte, repetí, si lo sabe mi madre me mata, yo comiendo potaje!, dormimos en literas todos juntos, compartiendo y soportando a los que todavía teníamos ganas de fiesta.

Ahora lo pienso y se me dibuja una sonrisa, veo las fotos y me parece increíble lo que hicimos, solo pienso en que quiero volver.

Todo esto no sería posible sin mis compañeros, no sé que tiene la montaña, pero siento que desde el sábado algo me une a todos los que han compartido esos momentos conmigo, podría decir mil cosas de ellos, pero voy a resumirlo en: SOIS GENIALES, AUTÉNTICOS, DIVERTIDOS, VALIENTES Y ESTÁIS UN POCO LOCOS, ME ENCANTA!

No quiero despedirme sin agradecer a Felipe, que no pudo ir por lesión, pero ahí estaba cuando nos fuimos y esperándonos cuando llegamos, te echamos de menos, muchas gracias!

Nos vemos pronto por el monte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alejandra Fernández