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CAMISE-CAS por el Mundo. Destino: Maratón de Atenas

 

Hola, soy la camise-CAS, el pasado septiembre me desplace a Atenas-Grecia, para conocer de primera mano uno de los Maratones más importantes de panorama Internacional.

Allí me cité con el espíritu de TERSIPO, quien cansado de escuchar hablar de las hazañas de su compañero Filípides, decide contarme que no todo lo que se dice es verdad. La conversación llama mi atención y nos citamos en uno de los monumentos más visitados del mundo, que no es otro que el Partenón de Atenas.

Allí me cuenta que sucedió en Maratón, una batalla que ha marcado la vida de muchos atenienses, estamos hablando del 12 de agosto del 490 antes de Cristo, pero … también de muchos de los que estáis leyendo este relato. Allí se dice se produjo la batalla que marcó el fin de la Primera Guerra Médica, los atenienses y sus aliados de Platea, comandados por Milcíades el Joven, derrotaron al imbatible ejército persa de Dario I, que deseaba invadir Grecia y someter Atenas por su participación en la revuelta Jónica.

El ejército Persa al mando de Mardonio, decidió castigar a la ciudad griega y desembarcó en la playa de Maratón, situada a pocos kilómetros de Atenas; los atenienses, en lugar de esperar tras las murallas de la ciudad, salieron al encuentro de los persas, creando en Maratón un “tapón” que impidiese a los persas llegar más alla de él una vez que desembarcaron sus tropas y, tras cinco dias de batalla cara a cara, el ejército griego aplastó al persa, que volvió a embarcar su mermada infantería persa.

Allí nace la leyenda de Filípides, Pero…qué hay de verdad?

TERSIPO, me cuenta que en la educación griega de la época, era fundamental la práctica del deporte, entendido tanto como elemento auxiliar del entrenamiento militar, como un componente fundamental en el desarrollo de la persona.

En ese deporte estaba la carrera de fondo. Pero en entrenamiento militar, se practicaba la “carrera de hóplitas” donde los soldados corrían cargados con: casco, coraza, escudo, lanza y espada. Los que destacaban formaban parte del cuerpo de los mensajeros. Allí sobresalían dos nombres: Filípides y Tersipo.

Cierto que Filípides, fue enviado, pero no a Atenas, sino a Esparta. Él era el portador de un mensaje desesperado de ayuda, era el mejor hemeródromo del ejercito, tenía que recorrer en dos días 246 kilómetros, pidiendo auxilio.

Pero dirán Vds. ¿Cómo pudo ir a Esparta, sí entre ambas ciudades había una gran rivalidad?

Pues queridos lectores, porque son rivales, pero no tontos… y tenían entre ambas urbes un acuerdo de ayuda militar. El pobre Filípides, parte hacia Esparta sin saber que allí se celebraba las Carneas, fiesta en la que no se hacía la guerra, (olvídense del chiste fácil), algo que duraba hasta el siguiente plenilunio (más menos 9 ó 10 días).

¿No les extraña que existiendo dicho acuerdo, luchen los Atenienses solos contra los Persa?…. dicen los libros que más tarde aparecieron para ayudar, pero cuándo supieron que la guerra estaba ganada

En este momento, seguramente les salten las dudas o estén pensando que esta Camise-CAS, no se entera… entonces: ¿Qué ocurrió en realidad?

Milcíades (corría en el equipo de los atenienses), sabía que sí bien había ganado la batalla, expulsado a los Persas, estos se había hecho fuertes en las naves con las que habían atacado y señores…. las jabalina, discos, pesos o lo que tuvieran a mano no llegaba tan lejos, por lo que existía un riesgo muy grande de que nuestros queridos Datis y Atafernes (corrían en el equipo de los Persas), decidieran conocer la Acrópolis más de cerca. Tenía que comunicar a la ciudad, que debían resistir como fuese hasta que llegase el ejército y, una vez más tuvo que enviar, a un mensajero.

Me cuenta TERSIPO, no sabíamos que había pasado con Filípides, sí había caído o no estaba disponible o estaba aún en la sesión vermut…

Pues me enviaron a mí, después de combatir, muy fatigado tuve que recorrer los 50 kilómetros desde el campo de batalla hasta la ciudad para entregar el mensaje. Al llegar a la ciudad, exhausto, mis últimas palabras fueron: “Hemos vencido, resistir, los Persas vienen por mar”

Sé que Heródoto, historiador griego, fue de los primeros en relatar la historia de Maratón, dice que es cierto que Filípides fue enviado a Esparta, pero no dice nada sobre su supuesto viaje a Atenas. Pero es el romano Plutarco, también historiador, basándose en textos griegos, me nombra a mí como el mensajero que fue a Atenas.

Le digo que no sé que pensar, pero le prometo contárselo a mis compañeros del CLUB ATLETISMO SADA, uno de los equipos más conocidos de la zona donde la paz reina entre todo sus componentes.

Ante la posibilidad de repetir sus hazañas, le digo que está en mis objetivos correr uno de los maratones más duros del calendario, el célebre Maratón de Atenas.

Me cuenta que la organización pone a disposición de los corredores, 5 puntos “lanzadera”, repartidos por la ciudad, que debo deciros funciona muy bien, desde esos puntos te llevan a la salida,  nuestro Maratón sale a las 9:00 de la mañana, desde ese sitio tan emblemático como es el pequeño pueblo de Maratón, rodeado de montes. Nada hace pensar que allí nace una de la carreras más antiguas, que se pueden correr.

Tienen un pequeño “estadio” que fue campo de fútbol, pero que está en un estado lamentable, es una zona extensa y una estatua de Hermes (que es Dios olímpico, mensajero, de las fronteras y los viajeros que lo cruzan)  nos mira desde lo alto, mientras un pebetero encendido con la llama olímpica, da un acento atlético al evento.

Me cuenta que los primeros 5 kilómetros son descendentes, rodeamos el túmulo donde fueron enterrados mis compañeros atenienses fallecidos en la batalla. La gente anima y entrega a los corredores coronas y ramas de laurel, para que las lleven los atletas hasta Atenas como símbolo de su victoria.

Me avisa que ya sobre el kilómetro 10 la carrera empieza a picar hacia arriba, avisando que esta carrera está hecha para valientes. En el kilómetro 16 nos da un respiro, pero dura poco, ya que la carrera inicia una nueva subida continua sobre el 17 que lleva a los corredores hasta el kilómetro 30, desde los 50 m, hasta los 250 m de altitud.

Es habitual que el calor presida la celebración, la gente acompaña y grita “pame pame” (que es «vamos ¡vamos!»)

Desde el kilómetro 31 hasta el final, “el pescado está todo vendido, como se suele decir”, el desnivel baja desde los 250 m, hasta los 96 m sobre el nivel del mar.

Los últimos kilómetros se recorren entrando en Atenas, la sensación de creerse una maratoniano invade a los corredores, la meta está próxima y no podía ser más grandiosa, que entrando en el Estadio Olímpico del Panathinaikos.

Los maratonianos se acercan mediante una bajada de 350 metros muy empinada, para ver la meta, donde se celebraron las primera olimpiadas en el año 1896, la emoción es enorme, nos encontramos en un estadio de mármol blanco, tartán negro y con 2500 años a las espaldas.

Los que llegan no se llaman Filípides, ni Tersipo, son auténticos corredores, son runners, pero ante todo…..son lo que quieren ser…. maratonianos.

Le agradezco su tiempo y me despido, con un “Αντίο” adiós en Griego, le prometo que no olvidaré todo lo que me ha contado y que me voy a inscribir en la carrera….pero eso os lo cuento otro día.

 

(Crónica y fotografías de Manuel Ferreira)